Comunicación

Diálogo vs Monólogo

– “Juan, el otro día me fui a comer unas hamburguesas en…”

– “¡Que rico! Yo ayer me comí unas hamburguesas buenísimas. ¡Estaban hechas de arroz! Por cierto ayer me encontré a José con su nueva novia…”

Con que frecuencia me he encontrado este tipo de situaciones en donde alguien está compartiendo algo y el oyente cambia de tema sin dejar que el emisor termine lo que estaba diciendo. Queda claro que la persona que redirige el diálogo hacia sí, no lo hace, en la mayoría de los casos, con mala intención. No obstante, no deja de ser un mal sabor para el que inició el diálogo. A estas personas, que re dirigen el diálogo hacia sì constantemente, las denomino “personas monólogo”.

Si eres de las personas que tiende a hacer monólogos, quiero decirte que es algo muy común y, en cierta medida, comprensible. En muchos momentos de nuestra vida se nos ha enseñado, indirectamente, a no querer escuchar. Por ejemplo en muchos hogares el “diálogo” de los padres es en realidad un monólogo, tanto por parte del padre como por parte de la madre; En las escuelas los profesores son los que hablan y los alumnos son los que escuchan; En las redes sociales soy yo el que comparto información y los otros son los que me miran o me escuchan. Procurar el monólogos es, en cierta medida, lo que se nos enseña.

Sólo quiero compartirte, en caso de que seas una persona monólogo, algo que descubrí y que quizás te pueda ayudar en algo. Es cierto que hay mucha alegría en compartir lo que sientes o piensas PERO hay mucha más alegría cuando, además de compartir, dejas que el otro te comparta sus ideas o lo que siente. La razón de ésto es inexplicable, simplemente se produce un sentimiento profundo, no descriptible por palabras. Cuando el monólogo se convierte en diálogo la experiencia es mil veces más rica que el monólogo…